miércoles, 24 de septiembre de 2014

CHALCHIUTLICUE

(LA DIOSA DE LOS MARES Y LAGOS)

Por: Armando Bautista Reyes.
                                          
                               
                                          Nota: los números indican según la referencia que corresponda



Es una de las deidades más sublimes para aquellos indígenas que tenían sus tratos con el agua. Una de sus peculiaridades era la capacidad de crear fuentes vientos, huracanes, tornados…; también suele considerarse como la madre que amamanta o la madre que nutre a sus hijos.


Es considerada como la diosa de los mares y de los lagos, cuyo nombre se deriva del vocablo náhuatl “Chalcihuitlicue” (1) que significa la de la falda de jade. Su parentesco está familiarizado con los dioses “Tlaloques (dioses de la lluvia) y fue creada por ellos mismos.  En la región de Tlaxcala se le relacionaba con el nombre de Matlalcueitl. Otros patronazgos que se le atribuyen, es que era considerada como la protectora de los navegantes (1); asimismo también como la madre que nutre o de los mantenimientos.


Diosa de los mares y lagos

Los indígenas honraban a esta diosa por que tenía poderes para controlar el agua de los mares, de los lagos y de los ríos; también se le rendía culto por que tenía la capacidad de crear tormentas y torbellinos; otro poder que se le caracterizaba era la de anegar a los navíos; por otro lado, también se le adjudicaba, la de proteger a los navegantes o en caso contrario ahogarlos cuando deambulaban en sus territorios.

También era la patrona del mar de “Hueyatl” (2), es decir, mar báltico (mar interior), lo cual corresponde al golfo de México. Esto explica, el por qué los aztecas denominaban toda la costa del Golfo, “principalmente a la región de Vera Cruz, con el nombre de Chalchicueyécatl” o Chalchihuecan. (2)

Protectora de los navegantes

Chalchiutlicue protegía a todos los navegantes, tal y como se redactó en el escrito de arriba, además era la diosa de todos aquellos que tenían “sus granjerías en el agua, como son los que vendían agua en canoa, y… agua en tinajas en la plaza”. (3)

La madre que nutre o de los mantenimientos

Se debe entender que Chalchiutlicue no solo era venerada por los nativos que tenían relación con el agua, si no que también los grandes señores o tlatoanis hacían ceremonias para rendirle culto como la diosa de los mantenimientos, junto con la diosa “Chicomecoátl” e “Uixtocíhuatl” (diosa de la sal).  (3)

Se concebía la idea, “que estas tres diosas mantenían a la gente popular, para que pudiese vivir y multiplicar”. (3)

La fiesta de “etzalcualiztli” en honor a Chalchiutlicue

La fiesta que se dice “etzalcualiztli” (comida etzalli [comida hecho con granos de maíz mezclado con granos de frijol]), (3) era dedicado a las deidades que tenían parentesco con los dioses Tlaloques. Esto incluye a Chalchiutlicue. Y aunque fray Bernardino de Sahagún no la menciona en su segundo libro del capítulo VII en el tema de las ceremonias, si hace mención de ella en el primer libro del capítulo XI. En su escrito dice:

“Hacían fiesta a esta diosa en la fiesta que se llama etzalcualiztli, que se pone en el segundo libro capítulo VII. Allí está a la larga las ceremonias y sacrificios con que la festejaban, allí se podrá ver.

Texto de la obra de Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, libro I, capítulo XI, página 33. Décima primera edición 2006, con crítica de Ángel María Garibay Editorial Porrúa

Días antes de esta fiesta, tomaban a una mujer y la vestían a imagen de esta diosa, con ricos ornamentos, para que todas las mujeres ya sean adultas o jóvenes, danzaran o bailaran a su alrededor; mientras que los más ancianos del pueblo regían los cantos. Estas nativas iban asidas de unas cuerdas que llaman “Xochimécatl” en forma circular. En medio de ellas se encontraba la mujer que habían tomado para representar a esta diosa.

Llegada la fiesta principal que se llama etzalcualiztli, las mujeres que danzaban, velaban con aquella que representaba a Chalchiutlicue. Una vez que amanecía se juntaban todos los sátrapas (adivinos) para hacer un rito solemne; todos los que estaban presentes llevaban en la mano, flores de “cempoalxóchitl” (cempasúchil [veinte flores]). Durante este rito religioso, llevaban a unos cautivos y a la mujer que tenían por diosa, al cu de Tláloc para ser inmolados. Primero mataban a los cautivos y después a ella

Con toda esta documentación, me atrevo a plantear la teoría, que la mujer que tomaban estos nativos para representar a su diosa, podría tratarse de alguien del mismo pueblo; bien pudiera ser mediante una elección por los reyes y señores adivinos, tomando en cuenta la castidad de la nativa. Usted ¿desearía ser inmolada en honor a su dios? La verdad… es de pensarlo. Gracias

Fuente bibliográfica.


1) Las diosas en los códices del grupo Borgia. Arte e historia de México – María de los Ángeles Ojeda Diaz, Cecilia Rossel. www.arts-history.mx

2) San Juan de Ulúa puerta de la historia. Vol. I Instituto ICAVE. Primera edición 1997. Página: 70 y 71 – Daniel Goeritz Rodríguez, Judith Hernández Aranda, Pablo Montero y Virginia Murrieta Martínez.


3) Historia general de las cosas de Nueva España, libro I, capítulo XI, página 33. Libro II capítulo VII, página 80 y 81. Décima primera edición 2006, con crítica de Ángel María Garibay Editorial Porrúa (sepan cuantos) – Fray Bernardino de Sahagún 

jueves, 11 de septiembre de 2014

LAS SUPERSTICIONES DEL METATE

Por: Armando Bautista Reyes



El metate, es un instrumento básico de la cocina prehispánica del continente americano – especialmente en México – que sirve para moler maíz, cacao, chile… Su nombre se deriva del vocablo náhuatl “métlatl”, que quiere decir piedra con tres patas.

Según la creencia de los indígenas, decían, que aquél que lamiese la piedra donde molían los alimentos, inmediatamente se le caerían los dientes. Este acto era muy común en los niños. Por eso los papás y mamás, tenían estrictamente prohibidos a sus hijos que no lamiesen los metates.

Otra abusión que se decía del metate, es que cuando se quebraba, era señal de que alguien de la casa habría de morir o bien, la persona que estaba moliendo.

Así que, si hay alguien que continúa moliendo unos ricos chiles en éste instrumento de cocina, mas le vale que mejor lo tenga de adorno, antes de que ocurra algún infortunio. Buen día. Gracias.

Fuente Bibliográfica


Historia general de las cosas de Nueva España. Libro V; Apéndice XV, Pag. 273; XXXIV, pag, 275. Editorial Porrúa “sepan cuantos” Décima primera edición 2006 – Fray Bernardino de Sahagún

lunes, 8 de septiembre de 2014

FUNDACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN LA NUEVA ESPAÑA

Por: Armando Bautista Reyes
                                               
                                                Nota: los números indican según la referencia que corresponda



Al tercio del siglo XVI en la Nueva España, la población aumentaba cada vez más. Cada día más familias españolas venían a residir en el nuevo mundo; el comercio, se había convertido en la actividad principal del virreinato para el enriquecimiento de la sociedad hacia 1571; la tarea de la evangelización por parte de los franciscanos, agustinos y dominicos, se había encargado de atraer la completa obediencia de los indios; sin embargo, surgieron otros pormenores al paso del tiempo conforme la población extendía sus fronteras, entre ellos: la falta de maestros y escuelas. (1) (3)

Estas necesidades fueron motivo para que la Real Audiencia de México, con ayuda de la intercesión del virrey don Martín Enríquez de Almanza (cargo que ocupó en 1568 – 1580), solicitara al Rey de España Felipe II, la fundación de los hermanos de la Orden de la Compañía de Jesús. (2)

Antecedentes

Si bien se ha dicho, que la órdenes religiosas de San Francisco, San Agustín y la de Santo Domingo, tenían como objetivo principal aumentar la fe. En especial la de los indígenas. También es cierto que muchos frailes o personas distinguidas que sabían leer o escribir, tomaban el papel de catedrático bajo el permiso del virrey; pero eran insuficientes debido al aumento de la población. Por eso en 1571 se lleva a cabo una junta en la ciudad de México entre regidores y el virrey don Martín, en donde se determina enviar una carta al Rey Felipe II. En esta carta solicitaban la presencia de los hermanos jesuitas, ya que éstos cubrían los requerimientos y las necesidades que exigían las familias de la Nueva España. El franciscano fray Francisco de Florencia recupera esta carta en su obra “historia de los jesuitas de la Nueva España afirmando que esta escrita por el virrey, la Real Audiencia, y el inquisidor don Pedro de Moya.


“Las noticias por relaciones ciertas de España, que tenemos en los gloriosos empleos en bien y provecho de las repúblicas, que la Santa Compañía de Jesús tiene y en que se exercita en todo los reynos de la christiandad, y de las innumerables almas de gentes, que en la India, Japón, y Brasil han convertido los de ella, en los pocos años, que a, que los embió Dios al mundo; nos han puesto en obligación de conciencia, y fidelidad; de representar al catholico zelo de V. M. quanto fruto podrán hazer en estos reynos tan numerosos de christianos, y de Gentiles, operarios tales… Aviendolo pues pensado, y conferido, nos a parecido decir, y representar a V. Majestad, que los fervorosos operarios de la sagrada compañía cumpliendo con las obligaciones de su apostólico instituto, serán de mucha utilidad en las ciudades recién fundadas, en particular en esta gran Ciudad de México, cabeza de todo el reyno, que necesita de maestros de leer, y escribir; de latinidad, y demás ciencias, quales sabe muy bien V. Magestad son los de ella en Europa. Y en la cultura de los naturales, y reduccio de las naciones Gentiles importantísimos…”  

Carta de la Ciudad de México al Rey, anexada en la obra de Historia de los jesuitas en la Nueva España de Fray Francisco de Florencia. Libro II capítulo II, página 71 primera edición 1694.


Una vez que el Rey estuvo al tanto de la situación de la Nueva España, ordenó a su secretario personal Antonio de Eraso, para que escribiese al padre Manuel López Provincial de Castilla, qué tan importante era el ministerio mencionado anteriormente para las tierras recién fundadas; cuya cabeza principal de todo el reino era la ciudad de México.


“… os rogamos a vos y a los otros provinciales de la dicha orden, que en estos reynos residen, señálaseles, y nómbraseles algunos religiosos de ella, para que fuesen algunas partes de las nuestras Indias, a entender en la instrucción y conversión de los naturales de ellas; y porque los que de ellos habéis nombrado, han sido para pasar a las nuestra provincias del Perú, y la Florida, y otras partes de las dichas Indias, donde ordenamos, y mandamos residiesen, y se ocupasen en la instrucción y doctrina de los dichos naturales. Y tenemos deseo de que también bayan a la Nueva España, y se ocupen en lo susodicho algunos de los religiosos, y que allí se plante, y funde la dicha Orden… (1)

Carta del Rey Felipe II, escrita por el representante del Rey Antonio Eraso. 7 de marzo de 1571


Sin embargo quien responde al Rey, es el padre Diego López, contestó que este asunto correspondía al padre general de la dicha orden en Roma. Es importante tomar en cuenta, que aquí intervino el santo padre Francisco de Borja, tercero General de la Orden de la compañía en España, quién escribe en su carta del 15 de Julio de 1571, que la persona indicada para llevar a cabo esta misión es el padre Pedro Sánchez, rector del Colegio de Alcalá en España; asimismo, hace petición de once frailes más. (1) Ellos son:

  •  El padre Pedro Sánchez, rector de Alcalá por provincial
  • El padre Eraso
  • El hermano Alonso Camargo en Plasencia
  • Martín González, portero de Alcalá  
  • Lope Navarro, residente en Toledo
  • El padre Fonseca,
  • El padre Hernando Suárez de la Concha
  • El padre Andrés López
  • el hermano Bartolomé Larios
  • Los hermanos Esteban Valenciano
  •  Martín Mantilla
  • Un novicio Teólogo (se desconoce el nombre)

Biblioteca virtual Miguel Cervantes. Historia de la compañía de Jesús en Nueva España. Tomo I.

Éstos fueron los primeros convocados para partir a Sevilla, lugar donde le esperaban otros hermanos y hacerse a la vela en el puerto de San Lúcar el 10 de agosto. Sin embargo, dicho viaje no pudo llevarse a cabo, debido a las circunstancias que fueron presentándose (entre ellos despedidas y visitas).

Nuevos cambios en los integrantes

La detención de los misioneros jesuitas en Sevilla tuvo consecuencias, cuatro de ellos, fueron sustituidos por cinco padres provenientes de las provincias de Andalucía, Toledo y Castilla, quedando así la lista oficial de los convocados a la Nueva España:

  • El padre doctor Pedro Sánchez  de, Toledo. (Líder de la misión)
  • El padre Diego López de la provincia de Andalucía.
  • El padre Pedro Díaz de la provincia de Toledo.
  • El padre Hernando Suárez de la Concha de la provincia de Castilla la vieja.
  • El padre Francisco Bazan de la provincia de Castilla.
  • El padre Pedro López de la Parra de la provincia de Castilla.
  • El padre Diego López de Mesa de la provincia de Castilla.
  • El padre Alonso Camargo de la provincia de Toledo.
  • El hermano Juan Curiel de la provincia de Toledo.
  • El hermano Pedro Mercado de la provincia de Andalucía
  • El hermano Juan Sánchez de la provincia de Toledo.
  • El hermano Bartolomé Larios de la provincia de Castilla.
  • El hermano Martín de Motilla de la provincia de Aragón.
  • El hermano Martín González de la provincia de Toledo.
  • El hermano López Navarro de la provincia de Toledo.

 “Mientras se proporcionaba el nuevo embarque, el padre pedro Sánchez repartió a sus compañeros en las ciudades vecinas; Rota, Medina, Sidonia, Cádiz, San Lúcar, y Jerez de la Frontera, sintieron muy luego la fuerza de sus palabras y ejemplos. Veíanlos en los hospitales y en las cárceles servir humildemente a los presos y enfermos: predicar al rudo pueblo en las plazas: explicar la doctrina a los niños en las escuelas, y cantarla con ellos por las calles.”(2)


Inicia la travesía en el mar, hasta llegar a Nueva España

Después de un breve tiempo de predicar, visitar enfermos y enseñar en las escuelas en las costas de la provincia de Andalucía, los 15 jesuitas, inician su navegación con dos naves el 13 de Junio de 1572, día de la fiesta de San Antonio. Sólo una de ellas parte hasta al día siguiente. La primera embarcación llegó a las islas Canarias el 21 de ese mismo mes; ahí esperaron tres días para que la segunda nave se incorporara. Pero sin recibir noticias de ellos, vuelven a embarcarse nuevamente hasta llegar al puerto de Ocoa de la isla Española el 1 de agosto. Aquí volvió a incorporarse la nave que venía retrasada y se toma la decisión de descansar algunos días, Vueltos a embarcar por tercera vez todos juntos, llegan a su destino  al puerto de San Juan de Ulúa, con fecha del 9 de septiembre de 1572, un día glorioso y bendito, después de haber navegado 89 días entre tanta turbulencia. (2)


Posteriormente después de haber tomado un descanso en el hospital de San Juan de Ulúa, mismo que mandó edificar el virrey don Martín de Enríquez, se trasladaron a la vieja Veracruz para reposar nueve días. Pero el 18 de septiembre retoman su camino hacia la ciudad de México, no sin antes pasar a la ciudad de Puebla, donde tuvieron buena acogida. (2)

Entrada en la ciudad de México y fundación de la Compañía

Finalmente entran en México por el rumbo de Ayotzinco el 25 de septiembre a las nueve de la noche. Allí se alojaron en un hospital que había sido edificado por Hernán  Cortés. Francisco Javier Alegre menciona algunas características de éste lugar con piezas desacomodadas,…sin puertas ni ventanas, ni más colchón que unas esteras de palma, que allí llaman petates, pasaron con grande incomodidad y mucho júbilo de espíritu aquella primera noche.” (2)

Estos detalles dan indicios de que se trata de un hospital en abandono.

Al día siguiente los 15 jesuitas se presentaron con el virrey don Martín, quien quedó maravillado por la gentileza y humildad con que éstos ejercían su vocación, y les dijo: “bien se muestra que son hijos de su santo padre y fundador Ignacio de Loyola.” (2)

Asimismo, presentaron la Real Cédula ante el representante del rey. Dicho contenido decía:

«Sabréis (decía) mi virrey, gobernador y capitán general de la Nueva-España, como nos tenemos gran devoción a la Compañía de Jesús, y a esta causa por la grande estima que de la vida ejemplar y santas costumbres de sus religiosos tenemos, hemos determinado enviar algunos varones escogidos de ella a esas nuestras Indias Occidentales, porque esperamos que su doctrina y ejemplo haya de ser de gran fruto para nuestros súbditos y vasallos, y que hayan de ayudar grandemente a la instrucción y conversión de los indios. Por lo cual, de presente os enviamos al padre doctor Pedro Sánchez, provincial, y a otros doce compañeros suyos de la dicha Compañía que van a echar los primeros fundamentos de su religión a esos nuestros reinos. Siendo, pues, nuestra resolución ayudarlos en todo, vos mando, que habiendo de ser esta obra para servicio de Dios y exaltación de su santa fe católica, luego que los dichos religiosos llegaren a esa tierra los recibáis bien, y con amor, y les deis y hagáis dar todo el favor y ayuda que viéredes convenir para la fundación de dicha religión, porque mediante lo dicho hagan el fruto que esperamos. Y para que mejor lo sepan hacer, vos les advertiréis de lo que os pareciere como persona que entiende las cosas de aquesa tierra, señalándoles sitios y puestos donde puedan hacer casa e iglesia a propósito». (2)

Con este encuentro de los jesuitas y el virrey, queda fundada la Orden de la Compañía después de una larga travesía y muchos impedimentos que fueron suscitándose en el camino. Con el paso del tiempo, la enseñanza de estos misioneros dio fruto en la educación que tanto hacía falta en el virreinato y que será de gran abundancia conocer los inicios de la Educación en México.



Fuente bibliográfica

  1. Historia de los jesuitas en la Nueva España; libro II; cap. II; pag. 69, 70, 71, 72, 73, 74; cap. IV, pag. 77, 78, 79. Primera edición 1694 – Fray Francisco de Florencia

2.       Historia de la Compañía de Jesús en Nueva-España. Presentación de Carlos María de Bustamante (ed. Lit.). Tomo I, pag. 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56,57. Editado en 1847 – El padre Francisco Javier Alegre.


3.       San Juan de Ulúa. Puerta de la Historia Vol. I. Instituto ICAVE. Capítulo Ulúa y las misiones religiosas. Pag. 191, 194. Primera edición 1996. – Pablo Montero, Daniel Goeritz Rodríguez, Judith Hernández Aranda, Virginia Murrieta Martínez

sábado, 23 de agosto de 2014

LAS ESTANTIGUAS DEL MÉXICO PREHISPÁNICO

Por: Armando Bautista Reyes



Las estantiguas o fantasmas de los que mencionaban tanto los aztecas, se tenía la creencia de que eran ilusiones de “Tezcatlipoca”; es por eso que muchos indígenas trataban de evitar un encuentro con ellos. Además, aquél que lo veía, concebía la idea de tener mal agüero y por consiguiente de morir en la guerra o bien, por alguna enfermedad; o en otros casos, alguna desgracia les había de venir.


Estas estantiguas, casualmente eran vistas por gente pusilánime y medrosa, quienes a su vez corrían despavoridamente a sus casas, concibiendo la idea de que eran perseguidos por el espíritu.

Sin embargo no todos corrían con la misma suerte, pues los guerreros valientes (la mayoría soldados viejos) siempre andaban en busca de éstos, exigiéndoles espinas de Maguey (para los guerreros aztecas estas espinas eran signo de fortaleza y valentía en las guerras, con esto cautivaban a sus adversarios), después de que estas estantiguas les daban lo deseado a estos guerreros, eran despreciadas y se les escupía.

Otras veces cuando se trataba de un fantasma sin pies y cabeza, recibían el nombre de “Tlacanexquimilli”  muy caracterizado por su lamento como la de un enfermo.

En cuanto a las mujeres preñadas, si éstas andaban de noche, era menester que se untasen un poco de ceniza en el seno o en la cintura, para evitar ver a un fantasma.

Así que procuren no andar solos por la noche; quizás no te encontrarás con un fantasma, pero sí, con un delincuente que te dejará una mala evocación para toda la vida.



Historia General de las Cosas de la Nueva España. Editorial Porrúa (sepan cuantos…); décima primera edición 2006; libro V; cap, XI, XII, XIII; pag. 267, 268, 269; Apéndice cap, X; pag. 272 – Fray Bernardino de Sahún. 

viernes, 22 de agosto de 2014

EL MITO DEL TAMAL MAL COCIDO

Por: Armando Bautista Reyes


El tamal es uno de los platillos más tradicionales en el continente americano y son de origen prehispánico. Su nombre se deriva del vocablo náhuatl “tamalli” que significa envuelto.

En el México prehispánico se tenía la creencia que cuando se cocían los tamales en la olla, y alguno se quedaba pegado, aquél que los comía, era perseguido por una maldición; fuera hombre o mujer. Si el hombre llegaba a comer este tamal mal cocido, corría con la mala suerte de no poder disparar bien las flechas en una guerra y su mujer no pariría bien. En el caso de la mujer, no tendría buen parto, corría el riesgo de que su hijo quedara atrapado en su vientre.

Ya lo saben amigos, procuren hacer bien esos tamalitos que tanto nos gustan, no vaya hacer que por equivocación comamos un tamal mal cocido y seamos víctimas de una maldición.

Fuente bibliográfica:


Historia general de las cosas de la Nueva España; Editorial Porrúa (sepan cuantos…); décima primera edición 2006; libro V; capítulo VIII; pag. 272 – Fray Bernardino de Sahagún 

jueves, 21 de agosto de 2014

CASAS DE ADORATORIOS DEL PUERTO DE VERACRUZ

Por: Armando Bautista Reyes



Durante el siglo XVI, el México prehispánico alcanzó un alto desarrollo en la caza, la agricultura y en sus asentamientos, mismos que tuvieron repercusiones con la llegada de los españoles. Una de las peculiaridades de mayor prestigio en estos asentamientos, fueron los rituales y  las políticas a nivel local o regional.

Cabe destacar también, que la conducta de los pueblos indígenas estaba regida según por el Dios que se veneraba; es por eso que es de notarse, la diversidad de las “casas de adoratorios”, mismo donde se ofrendaba o se inmolaba a una persona para glorificar a su Deidad; bien pudiera ser un guerrero caído en batalla o un prisionero.

Veracruz, no estuvo exento de éstas, pues fueron las primeras en ser descubiertas por el capitán Juan de Grijalva, entre el 10 u 11 de junio de 1518; y entre el 20 o 21 de ese mismo mes, según lo indica el padre Juan Díaz en su itinerario, quien acompañó al capitán Grijalva en su travesía. A continuación vamos a enfocarnos en la realización de los sacrificios de estas islas, con qué nombre se les conocía y a qué dioses se les rendía culto.

San Juan de Ulúa, isla de sacrificios y playa de chalchihuecan como casas de adoratorios.

Durante el período posclásico y parte del clásico, en la isla de San Juan de Ulúa, Sacrificios y en la banda de tierra firme frente a éstas, se realizaron rituales o sacrificios en honor a tres deidades principales: Tezcatlipoca, Quetzalcoátl y Chalchiutlicue.

Estas tres deidades formaban parte del panteón azteca, de la mitología mexica. En teoría, podríamos citar que la isla de Sacrificios, San Juan de Ulúa y la banda de tierra firme frente a éstas, era denominado como: el panteón de las deidades. Conozcamos ahora el significado ritual de estos lugares.

Topónimos y significado ritual de las islas


“Los vocablos para designar a la isla de San Juan de Ulúa eran Tecpan Tlayácac (nariz o saliente de la tierra del palacio, o [en la punta de palacio]), el de la isla de Sacrificios era Chalchuihuitlapazco (en el apaztle o [lebrillo de jade]), a un pequeño río y sus alrededores en la banda de tierra firme frente a Tecpan Tlayácac se le conocía como Tenoyan (donde hay puente) y a lo largo de la franja costera posiblemente comprendido entre el río Huitzilapan y el Jamapa era denominado como Chalchiuhcuecan o Chalchicueyecan (faldas de jade o [en las faldas de jade]).

Como se mencionó anteriormente, se realizaban rituales a tres deidades principales, estos estaban ubicados de la siguiente forma: Tezcatlipoca en Ulúa, Quetzalcoátl en Sacrificios y Chalchiutlicue en la banda de tierra firme; es decir, en Tenoyan.

Según estudios realizados por arqueólogos, se ha determinado que la veneración de Tezcatlipoca en Tecpan Tlayácac (Ulúa) era para contrarrestar o equilibrar el poder de su precioso gemelo; mientras que Chalchuihuitlapazco (sacrificios) representaba el destierro de Quetzalcoátl.

Quetzalcoátl pide los huesos de los hombres muertos a Mictlantecuhtli, dios de los infiernos, y al recibirlos emprende la huida y en el camino se cae y los rompe, apenas tiene tiempo de recogerlos y salir con ellos, a pesar de todo se sacrifica sobre los huesos y los riega con su sangre, dando origen así a la nueva humanidad. Por eso es que existe la creencia de que los hombres somos hijos de Quetzalcoátl.  Quetzalcoátl promete regresar en el año de su nombre Ce Acatl (1 caña), lo cual corresponde a 1519, por eso es que cuando llegaron los hombres de hierro a tierra del Anahuac, Moctezuma tenía la creencia de que Quetzalcoátl regresaba a tomar posesión de su reino tolteca.

Por otra parte Tezcatlipoca es el cielo nocturno, el inventor del fuego, está relacionado con la luna, con la maldad o destrucción, encarnado como Yáotl, se convierte en el patrono de los guerreros y por lo tanto ligado a Huitzilopochtli, quien también es su contrario. Su nombre significa “espejo que humea” es el patrono de los principales, y él mismo recibe el nombre de Nezahualpilli, el príncipe que ayuna y con el nombre calendárico de Ome acatl, preside en los convites y banquetes.

En cuanto a Chalchiutlicue, hermana de los dioses de la lluvia que se decían Tlaloques, era la diosa del mar y de los lagos, era especialmente patrona del mar Huéyatl, esto da a entender, el porqué los mexicas denominaban al Golfo de México, principalmente a la región de Veracruz, como Chalchicueyécatl.

Chalchiutlicue era venerada por aquellos que tenían sus tratos y granjerías con el agua, como los vendedores de agua y pescadores; se honraban por su poder para crear torbellinos y tempestades.

Estas afirmaciones dan a entender, que el desembarco de Hernán Cortés responde más al topónimo de Tenoyan.

Hasta el momento son los datos más precisos para entender el significado de las islas, sus ritos y el verdadero desembarco de Hernán Cortés. La historiografía de las costas de Veracruz, es como el océano, una gran profundidad que no acabaríamos nunca, y que actualmente sigue estando en proceso de investigación que pone en lo alto el orgullo y la cultura enriquecedora del puerto de Veracruz.


Fuente bibliográfica:

San Juan de Ulúa. Puerta de la historia Volumen 1 – ICAVE; Coordinador Pablo Montero. Autores: Daniel Goeritz – Judith Hernández Aranda – Pablo Contero – Virginia Murrieta Martínez. Primera edición 1996. Cap. 2 Tecpan Tlayácac antes que Ulúa, pag; 61, 62, 63, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 70,71.

Itinerario de la armada del Rey Católico a la isla de Yucatán, en la india, el año de 1518, en la que fue por comandante y Capitán General Juan de Grijalva. Escrito para su Alteza por el Capellán Mayor de la dicha armada – Documento escrito en 1518 por el padre Juan Díaz


Historia verdadera de la conquista de la Nueva EspañaBernal Díaz del Castillo; introducción y nota de Joaquín Ramírez Cabañas, México, editorial Porrúa (sepan cuantos…) 1980 pag, 25 en el cap. 3

miércoles, 13 de agosto de 2014

HUITZILOPOCHTLI



Siendo una deidad como el Dios del sol y de la guerra, fue el Dios más temido y odiado por los enemigos de los aztecas. Cuyo nombre deriva del vocablo náhuatl “huitzilin” que significa “colibrí”. Lideró a los aztecas  en su larga migración desde Aztlán, hasta el Valle de México. Según la creencia del pueblo azteca, este Dios, simboliza la creencia de que los guerreros muertos renacerían como colibríes.

Como Dios sol, siempre renacía cada mañana en el vientre de Coatlicue, además se alimentaba con la ofrendas de los sacrificios humanos (sangre y corazones), estos a su vez, estaban conformados por prisioneros de guerra y guerreros que habían caído en batalla; subsecuentemente los inmolados pasaban a ser parte del sol, hasta que después de cuatro años, pasaban a convertirse en colibríes.  

¿Cómo nació? ¿Cuál es su origen? ¿Quién fue la madre de Huitzilopochtli? Con la traducción original de Miguel León Portilla del códice florentino libro III capítulo I, podemos conocer con exactitud el origen de su ser:



“EL MITO DEL NACIMIENTO DE HUITZILOPOCHTLI”




1. In Uitsilopochtli, in senka kimauistiliaya in Mexika. Iuin in kimatia, in itsinyilis, in ipeualis, ka in Koatepek, iuikpa in Tulan, semiluitl kitstika, ompa nenka siuatl, itoka Koatlikue: innan sentsonuitsnaua. Au inueltiu, itoka Koyolxau.
1. Mucho honraban los mexicas a Huitzilopochtli, sabían ellos que su origen, su principio fue de esta manera: En Coatepec, por el rumbo de Tula, había estado viviendo, allí habitaba una mujer de nombre Coatlicue. Era madre de los cuatrocientos Surianos y de una hermana de éstos de nombre Coyolxauhqui.
2. Au in yeuatl Koatlikue, onkan tlamaseuaya, tlachpanaya, kimokuitlauiaya, in tlachpanali. Inik tlamaseuaya, in Koatepek. Au seppa in ikuak tlachpanaya, in Koatlikue ipan ualtemok iuitl, yukin iuitelolotli, niman konkuitiuets in Koatlikue: ixilan kontlali, au in ontlachpan niman konkuiskia in iuitl, in ixilan okitlalika aok tle kittak, niman ik otstik in Koatlikue. Au in okittake in sentsonuitnaua in innan ye otstli, senka kualanke kitoke ¿ak okichiuili i? ¿akin okotsi? techauilkixtia, techpinautia.
2. Y esta Coatlicue allí hacía penitencia, barría, tenía a su cargo barrer, así hacía penitencia, en Coatepec, la Montaña de la Serpiente. Y una vez, cuando barría Coatlicue, sobre ella bajó un plumaje, como una bola de plumas finas. En seguida lo recogió Coatlicue, lo colocó en su seno. Cuando terminó de barrer, buscó la pluma, que había colocado en su seno, pero nada vio allí. En ese momento Coatlicue quedó encinta. Al ver los cuatrocientos Surianos que su madre estaba encinta, mucho se enojaron, dijeron: «Quién le ha hecho esto?, ¿quién la dejó encinta? Nos afrenta, nos deshonra».
3. Au in inueltiu in Koyolxau: kimilui nokichtiuan techauilkixtia san tikmiktia in tonan, in tlauelilok in ye otstli: ak okichiuili in itik ka.
3. Y su hermana Coyolxauhqui les dijo: «Hermanos, ella nos ha deshonrado, hemos de matar a nuestra madre, la perversa que se encuentra ya encinta. ¿Quién le hizo lo que lleva en el seno?»
4. Au in okima Koatlikue: senka momauti, senka motekipacho. Au in ikoneu in itik katka kiyolaliaya, kiualnotsaya kiluaya, maka ximomauti ye ne nikmati, in okikak in Koatlikua, in itlatol in ikoneu, senka in moyolali, motlali in iyolo, yukin yukantlama. 
4. Cuando supo esto Coatlicue, mucho se espantó, mucho se entristeció. Pero su hijo Huitzilopochtli, que estaba en su seno, la confortaba, le decía: «No temas, y osé lo que tengo que hacer». Habiendo oído Coatlicue las palabras de su hijo, mucho se consoló, se calmó su corazón, se sintió tranquila.
5. Au in ye yiuki, in sentsonuitsnaua in okisentlalike in intlatol, in okisemitokin, isa kimiktiske in innan, yeijka ka otlapinauti, sa senka mochikauaya, senka kualania, yuki in kisaya in iyolo, in Koyolxauki, senka kineleuaya, kiniolokokoltiaya in yokichtiua, in makuele miki in innan. Au in Sentsonuitsnaua, niman ye in mosenkaua, moyauchichiua. 
5. Y entretanto, los cuatrocientos Surianos se juntaron para tomar acuerdo, y determinaron a una dar muerte a su madre, porque ella los había infamado. Estaban muy enojados, estaban muy irritados, como si su corazón se les fuera a salir, Coyolxauhqui mucho los incitaba, avivaba la ira de sus hermanos, para que mataran a su madre. Y los cuatrocientos Surianos se aprestaron, se ataviaron para la guerra.
6. Au in yeuantin sentsonuitsnaua, iukin tekiuake katka tlakuiaya, tlakuauikuiaya, kikuauikuiaya in intson, in inkuatson, in inkuatson. Au se itoka Kuauitlikak, nekok kitlalitinenka in itlatol, in tlein kitouaya sentosnuitsnaua, niman koiluiaya, konnonotsaya in Uitsilopochtli. Au in Uitsilopochtli: kiualiuiaya in Kuauitlikak: senka tla tikmomachtia notlatsine, uel xonmotlakakilti ye ne nikmati.
6. Y estos cuatrocientos Surianos eran como capitanes, torcían y enredaban sus cabellos, como guerreros arreglaban su cabellera. Pero uno llamado Cuahuitlicac era falso en sus palabras. Lo que decían los cuatrocientos Surianos, en seguida iba a decírselo, iba a comunicárselo a Huitzilopochtli. Y Huitzilopochtli le respondía: «Ten cuidado, está vigilante, tío mío, bien sé lo que tengo que hacer».
7. Au in ye yuki in yekene okisemitoke, in konetetix in intlatol, inik kimiktiske, inik kitlatlatiske in innan, niman ye ik ui teyakana in Koyolxauki, uel mochichikaua, mosesenketsa, moyauchichiuke, motlamamakake, intech kitlalike in imamatlatki, in aneukyotl, intsitsikas, amatitech pipilkak, tlakuiloli, iuan in koyoli inkotstitech kiyilpike, inin koyoli mitoaya ayouali, iuan inmiu tlatsontektli,
7. Y cuando finalmente estuvieron de acuerdo, estuvieron resueltos los cuatrocientos Surianos a matar, a acabar con su madre, luego se pusieron en movimiento, los guiaba Coyolxauhqui. Iban bien robustecidos, ataviados, guarnecidos para la guerra, se distribuyeron entre sí sus vestidos de papel, su anecúyotl, sus ortigas, sus colgajos de papel pintado, se ataron campanillas en sus pantorrillas, las campanillas llamadas ayohualli. Sus flechas tenían puntas barbadas.
8. niman ye ik ui, tetekpantiui, tlatlamantitiui, tlayeyekotiui, momamantiui, teyakana in Koyolxauki. Au in Kuauitlikak, niman ye in motlalotitleko, in kinonotsas in Uitsilopochtli kilui ka ye uitse, niman kito in Uitsilopochtli uel xontlachie kan ye uitse, niman ye ik koniluia in Kuauitlikak: ka ye tsonpantitlan, ye no seppa kiualiuia in Uitsolopochtli kan ye uitsa niman konilui ka ye koaxalpan uitse, ye no seppa kiualilui, kan ye uitse niman konilui in Kuauitlikak: ka ye tlatlakapan yatiuitse. Au in Uitsilopochtli: ye no seppa kiualilui, in Kuauitlikak. Kilui tla xontlachia kan ye uitse. niman ik konilui in Kuauitlikak, ka yekene ualpanuetsi, yekene ualasi teyakantiuits in Koyolxauki.
8. Luego se pusieron en movimiento, iban en orden, en fila, en ordenado escuadrón, los guiaba Coyolxauhqui. Pero Cuahuitlicac subió en seguida a la montaña, para hablar desde allí a Huitzilopochtli, le dijo: «Ya vienen». Huitzilopochtli le respondió: «Mira bien por dónde vienen». Dijo entonces Cuahuitlicac: «Vienen ya por Tzompantitlan». Y una vez más le dijo Huitzilopochtli: «Por dónde vienen ya?». Cuahuitlicac le respondió: «Vienen ya por Coaxalpan». Y de nuevo Huitzilopochtli preguntó a Cuahuitlicac: «Mira bien por dónde vienen». En seguida le contestó Cuahuitlicac: «Vienen por la cuesta de la montaña». Y todavía una vez más le dijo Huitzilopochtli: «Mira bien por dónde vienen». Entonces le dijo Cuahuitlicac: «Ya están en la cumbre, ya llegan los viene guiando Coyolxauhqui».
9. Au in Uitsilopochtli: niman ik ualakat, niman itlatki ualietia in ichimal, teueueli, iuan in imiu, iuan iyatlau xoxoktik, mitoa xiuatlatl, iuan ikxitlan tlatlan, ik ommichiu in ikonekuitl, mitoaya ipilnechiual, mokuapotoni, ixkuak, iuan inanakastlan, au se pitsauak in ikxi iyopochkopa, kipotoni in ixokpal, iuan kitexouauan in imets omexti. iuan omexti in iakol.
9. En ese momento nació Huitzilopochtli, se vistió sus atavíos, su escudo de plumas de águila, sus dardos, su lanza-dardos azul, el llamado lanza-dardos de turquesa. Se pintó su rostro con franjas diagonales, con el color llamado «pintura de niño». Sobre su cabeza colocó plumas finas, se puso sus orejeras. Y uno de sus pies, el izquierdo era enjuto, llevaba una sandalia cubierta de plumas, y sus dos piernas y sus dos brazos les llevaba pintados de azul.
10. Au se itoka Tochankalki kontlati in xiukoatl, kiualnauati in Uitsilopochtli: niman ik kisil in Koyolxauki: au niman kechkotontiuets, in itsontekon ompa ommokau in itenpa Koatepetl. Au in itlak tlatsintlan uetsiko tetextitiuets, sesekkan ueuets in ima, in ikxi, iuan itlak.
10. Y el llamado Tochancalqui puso fuego a la serpiente hecha de teas llamada Xiuhcoatl, que obedecía a Huitzilopochtli. Luego con ella hirió a Coyolxauhqui, le cortó la cabeza, la cual vino a quedar abandonada en la ladera de Coatepetl. el cuerpo de Coyolxauhqui fue rodando hacia abajo, cayó hecho pedazos, por diversas partes cayeron sus manos, sus piernas, sus cuerpo.
11. Au in Uitsilopochtli: niman ye ualeua, kinoualtoka intlan aki, kinoualtemouia, kinoualtepeua in Sentsonuitsnaua, in Koatepetl ikpak. Au in okimaxitiko in tlalchi, in tlatsintlan, niman ye ik kintoka, kiniayaualochti in Koatepetl, nappa in kintlatlayaualochti, in kiniayaualochti, ok nen kiualoyutiuia ok nen kiualoyouiaya, ualmochimaluitektiuia, aok tle uel kichiuke, aok tle ual axke aokmo uel kitsauilike, 
11. Entonces Huitzilopochtli se irguió, persiguió a los cuatrocientos Surianos, los fue acosando, los hizo dispersarse, desde la cumbre de Coatepetl, la montaña de la culebra. Y cuando los había seguido hasta el pie de la montaña, los persiguió, los acosó cual conejos, en torno de la montaña. Cuatro veces los hizo dar vueltas. En vano trataban de hacer algo en contra de él, en vano se revolvían contra él, al son de los cascabeles y hacían golpear sus escudos. Nada pudieron hacer, nada pudieron lograr, con nada pudieron defenderse.
12. san kinsemeuiti in Uitsilopochtli: kinsentepotstli, uel kinpopolo, uel kimistlati, uel kinpoktlantili. Au in sa aokmo uel kinkauaya, in ouel in sentech mopilo, senka kitlatlautiaya, kiluiaya ma ixkich.
12. Huitzilopochtli los acosó, los ahuyentó, los destruyó, los aniquiló, los anonadó. Y ni entonces los dejó, continuaba persiguiéndolos. Pero ellos mucho le rogaban, le decían: «¿Basta ya?»
13. Au in Uitsilopochtli: amoik moyolseui, ka senka intech motlapalo in kintokak, Au sa keskitoton in ixpanpa euake, in imakpa kiske ompa itstiake, inin Sentsonuitsnaua, in okiskintin in imatitlanpa kiske in Uitsilopochtli: Au in ye yuki in okinmikti, in oyielelkis kinkuili in intlatki, in innechichiual in anekuiyotl, kimotlatkiti, kimaxkati, kimotonalti, yukin kimotlauisti.
13. Pero Huitzilopochtli no se contentó con esto, con fuerza se ensañaba contra ellos, los perseguía. Sólo unos cuantos pudieron escapar de su presencia, pudieron librarse de sus manos. Se dirigieron hacia el sur, porque se dirigieron hacia el sur, se llaman Surianos, los pocos que escaparon de las manos de Huitzilopochtli. Y cuando Hiutzilopochtli les hubo dado muerte, cuando hubo dado salida a su ira, les quitó sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl, se los puso, se los apropió, los incorporó a su destino, hizo de ellos sus propias insignias. 
14. Au in Uitsilopochtli: no mitoa tetsauitl, yejika ka san iuitl, in temok inik otstik in inan in Koakue: kayak nes in ita. Yeuatl in okipiaya in mexika inik otamanitiaya, inik kimauistiliaya, okitlaekoltiaya, iuan in itech mochiuaya in Uitsilopochtli. 
14. Y este Huitzilopochtli, según se decía, era un portento, porque sólo una pluma fina, que cayó en el vientre de su madre, Coatlicue, fue concebido. Nadie apareció jamás como su padre. A él lo veneraban los mexicas, le hacían sacrificios, lo honraban y servían. Y Huitzilopochtli recompensaba a quien así obraba.
15. Au in yeuatl in tlamauistililistli okatka, ka ompa tlamatli in Koatepek, in yu mochiui ka ye uekau.
15. Y su culto fue tomado de allí, se Coatepec, la montaña de la serpiente, como se practicaba desde los tiempos antiguos.



Fuente bibliográfica:

Historia general de las cosas de Nueva España – Fray Bernardino Sahagún 2000, lib. III, cap. I, vol. I, pp. 300-302

Códice Florentino libro III, cap. 1; Náhuatl: Paleografía [adaptada] de DIBBLE y ANDERSON, en General history of the things of New Spain, Florentine codex.; Traducción directa del náhuatl: Miguel León Portilla.


Coyolxauhqui (Diosa de la luna) – SEP; primera edición, 1979; pag. 1.